Thursday, June 16, 2005

Sueños

No es que no pueda, es porque en realidad quiero. Los deseos posibles no son difíciles porque no se puedan hacer, se dificultan porque no se hacen. He decidio exiliarme a soñar que sueño en fantasías y deseos. La noche atestigua en mi contra y la almohada conoce mis secretos muertos. Aquellas imágenes nocturnas y voces en la oscuridad que alguna vez fueron memorias de un recuerdo olvidado.

Sunday, June 05, 2005

Ahora sólo las veo

Muchas veces he subido al techo de mi casa cuando apenas empieza a oscurecer y alcanzo, algunas veces, a ver la primera estrella en el cielo. Hoy también subí al techo, no tan temprano como para ver el sol caer ni para contemplar la primera luz de la noche, sino solamente para pensar un poco como era la costumbre. Una vez arriba, no me sentí con ganas de pedir algún deseo. Deseos tengo bastantes y muchos de ellos posibles, de esos que simplemente no se van a realizar. No se me vino a la mente recuerdo bonito o memorable. Alguno como aquel que estaba por compartir hace unos momentos; de esos eventos cotidianos que pasan desapercibios, como ver a alguien suspirar fijandose en la inmensidad del cielo. Lástima que no lo pude llegar a mencionarlo. Mucho menos se me daba llorar, no tenía ningún motivo para hacerlo o al menos mis emociones no daban por desbordarse en lágrimas aquella vez.
Tal vez fue en esa ausencia de pensamientos dentro de mi que atrajo a uno nuevo. Pensándolo bien, creo que esa idea llevaba ya demasiado tiempo dentro de mi cabeza buscando cómo manifestarse entre mis demás preocupaciones silenciosas, deseos desapercibidos y lágrmias no derramadas que observaban y eran observados por aquellas primeras estrellas.
De nuevo, el pensamiento llegó a mi mente. Al ver a todas aquellas estrellas supuse que la primera en salir se sentiría algo importante y sola al ser ella quien se aventurara en ser la primera de sus compañeras en abrir su ventana para observar a nuestro mundo. Era aquella quien daba una señal de tranquilidad a los desauciados, marcaba la hora para ese encuentro de unos enamorados sin remedio, símbolo de una noche despejada y buen augurio para los marineros lejos de casa. Era ella, la más vista y esperada en ausencia de la luna. Poco le duraría el gusto, pues pronto se vería acompañada de sus hermanas y hermanos, primos, tías, hijos, sugero, cuñadas, esposo, sobrinos, abuelas, padres y demás parientes en el plano estelar, pasando a ser una más de las luces astrales. No le vendría nada mal la compañía para ese entonces pues, aunque amaba la atención proporcionada por todos nosotros, le sería imposible vivir por si sola en aquella inmensidad, sin compañia alguna para contarle aquello que veía de nosotros. Si, aquella que tuvo el privilegio de ser la primera contaría después a sus compañeras aquel primer beso de dos enamorados, la desdicha y desconsuelo de un corazón, los interminables versos de un escritor en vela, aquella vida que decidió saltar de un puente, y de la soledad que pronto se disipaba con la llegada de ellas. Así pues, se convertía ella por tan solo una noche en la estrella más envidiada del firmamento.
Pero aquél pensamiento no tenía relación con la primera estrella. Seguía pensando en la última de la noche. Aquella solitaria que sólo pocos piensan en ella y muchos menos la alcanzan a ver.
Ahora sólo las veo.