Saturday, August 20, 2005

Memorias

Aquella solitaria noche me había forzado a buscar en el sótano algo con que entretenerme. Oscuro, olvidado y a veces temido.

Abrí la puerta y sentí un vértigo indescriptible acompañado de un deseo incontrolable de vomitar. Afortunadamente apreté el estómago y pude contenerlo. Aún tengo mis dudas si aquel olor encerrado de a madera húmeda hubiese sido suficiente para causar en mi semejante reacción. Miré hacia abajo y traté de recordar la última vez que caminé por estas escaleras.

Las paredes, antes blancas, ahora estaban amarillentas y las escaleras acumulaban una gruesa capa de polvo. Comenzé mi descenso lentamente, no sin preguntarme si el polvo se molestaría por mi intrusión en su descanso. Para mi sorpresa, no había telarañas lo cual me extrañó muchísimo. Mis dedos recorrían las paredes y pisaba lentamente mientras me alejaba de la puerta. Con cada escalón no dejaba de cuestionarme que me impulsaba a seguir bajando, alejándome de la luz a mis espaldas.

Encontré el interruptor, encendí el viejo foco del sótano e inmediatamente corrí a cerrar la puerta por donde había entrado. Nuevamente baje escalón por escalón. Miré a mi alrededor. Un escalofrío recorrió mi espalda. No recordaba haber visto alguno de los muchos objetos frente a mí. Lo primero que me llamó la atención fueron un par de fotos en las cuales reconocí a mis padres pero no pude identificar ni el lugar donde estaban ni el buró sobre el cual estaban las fotos. Abrí el cajón y me topé con correspondencia de novios, varias postales y alguno que otra nota amorosa. Seguí merodeando por aquel cuarto mal iluminado y polvoriento hasta toparme con un baúl de aspecto interesante.

Sabía que eran objetos de mi niñez y adolesencia, sin embargo, no recuerdo haberlos visto alguna vez. Mis notas de primaria y secundaria, un par de patines de hielo, una libreta con varios garabatos ahora incoherentes, un pasaporte vencido, cartas y más cartas, propósitos de año nuevo... Me invadió una nostalgia ajena y una pena profuna al no poder reconocer ni la mitad de los objetos que estaban ahí dentro. Sabía que me pertenecían pues mi nombre estaba sobre ellos, mas me eran irreconocibles. Comenzé a llorar. Los recuerdos se me escapaban y todo nombre no tenía rostro, voz ni vida alguna.

Un diario. Había encontrado un diario. Logré tranquilizarme pero no podía seguir ahi dentro. Regresé hacia las escaleras y para mi sorpresa la puerta estaba cerrada. Suspiré y logré contener la calma. Un poco resignado decidí leer el diario ahí dentro pero para mi desgracia el foco se fundió. La suerte no me había abandonado del todo, pues conservaba una caja de cerillos en mi bolsa. Prendí el primer fósforo e inmediatamente me di cuenta que no había velas o lámparas que pudiese usar. Encendí otro sólo para contemplar aquella flor extinguirse rápidamente.

Estar encerrado era lo que menos me importaba en aquella situación. El diario. Iluminé nuevamente el cuarto y observé la portada de aquella libreta por unos segundos antes de sumirme en la oscuridad. Quedaban pocos cerillos y no alcancaría a leer todo el diario. Arranqué la portada y empezó a arder. Alcanzé a leer las primeras tres páginas antes de ser consumido por la ausencia de luz. Trés páginas de luz... otras tres... y una más. Leí ávidamente como aquel vagabundo al que se le arroja una pieza de pan.

Al terminar el diario vi mis cenizas en el suelo...

Monday, August 15, 2005

Delirios de Locura

Por la línea entre estar soñando o tumbado en mi cama, me da lo mismo si esta el foco apagado o fundido. Me niego a creer que ayer ire a dormir temprano y mañana tuve la oportunidad de salirme del camino. Enfin, lo perdí todo pensando en apostarle al dos de corazones... rotos.

Conosco la razón. ¿Pero que hay de todo lo demás? ¿Qué hay debajo de la lluvia? ¿Entre las conversaciones con ella? ¿Qué hay dentro de tu anillo? Pero no comprendo.

El ciego se aleja de la fosa a la que cae el clarividente...