Thursday, December 08, 2005

Ya no hay estrellas

En algun lugar de la calle, D. S. se dedicaba a vagar con relativa lentitud entre la luz emitida por las luciérnagas atrapadas en aquellas esferas transparentes. Es extraño, pensaba con frecuencia, cómo hemos encerrado la luz, pero hemos matado la noche reduciendola a unos pálidos amarillos y negros. Pero no siempre era así. Cada invierno se encontraba con más luz y menos luna. Y seguía caminando mientras era vigilado por las luces que alumbraban miles de ojos cerrados.

Tal vez él era el único que se encargaba de desearle buenas noches a la Noche misma. Aquella Noche que le deseaba buenas noches a las palomas que dormían debajo de los puentes que de vez en cuando eran interrumpidas por uno que otro carro, a los árboles y su eterno insomnio, a los puentes solitarios en busca de los peatones inexistentes, a todas las fotos que él tomaba en su cámara sin rollo... y a la luz que cáda vez hacía a la intimidad menos personal.